Como hacer digestión a 5000 metros

En cada experiencia de la vida se aprende mucho, pero existen experiencias en donde se aprende demasiado. No es malo, pues toda experiencia se digiere, pero cuando es mucho y rápido siempre causa indigestión.

Este fin de semana pasado ( 22 de septiembre de 2008 ) fui con un grupo grande a escalar el Iztaccihuatl. Como siempre acampamos el sábado, y el domingo a las 4 de la mañana comenzamos a subir. Por un buen rato yo fui guía del segundo grupo. Todos en ese grupo me sorprendieron, llevaban un ritmo fabuloso. Nunca nos separamos por más de 15 minutos del primer grupo. Gracias a eso llegamos al refugio cerca de las 9 de la mañana.

Cómo era temprano y el clima estaba adecuado para subir hasta las rodillas, decidimos aventurarnos. Muchos se quedaron, pues no aguantaban y otros no traían el equipo necesario para subir. Los que nos aventuramos tuvimos que lidiar con una gruesa capa de nieve mientras subíamos. En varios puntos la nieve llegaba hasta los muslos. Por lo tanto fue muy pesado para todos, pero nadie se quejó cuando por fin llegamos a las rodillas.

Como es de costumbre, cuando ya nos encontrábamos en las rodillas descansamos, nos felicitamos, nos abrazamos, sacamos fotos y abrimos una botella de vino. Del frío que hacia nos empezamos a juntar y a hacer círculos como los pingüinos. Aunque todos nos moríamos de frío, la verdad no nos importaba mucho. En lo que te concentras en dicho momento es en voltear a ver el camino recorrido y en preguntarte ¿cómo coños subí esos últimos 200 metros?

Subiendo el Izta

Subiendo el Izta

Después de haber festejado y antes de tener hipotermia, nos decidimos a bajar al rededor de las 11:30 de la mañana. El camino por donde subimos era muy peligroso para bajar por él. Por lo tanto acordamos bajar por una de las laderas de la montaña que estaba cubierta de nieve. La ladera es muy empinada pero como estaba cubierta de nieve uno podía clavar los talones en la nieve e ir bajando poco a poco.

Por la misma razón que la ladera era muy empinada, había veces que uno perdía el equilibrio, te caías y te deslizabas varios metros abajo como si fuera un tobogán. Pero como era peligroso, ya que uno puede deslizarse y perder el control, se corrió la voz para que lo evitaran hacer. Por desgracia hubo dos chavas se resbalaron, se empezaron a deslizar y perdieron el control.

Cayeron aproximadamente unos 100 metros antes de encontrarse con las rocas. Tras ellas le siguieron otros del equipo que se aventaron valientemente para ver como se encontraban. En ese momento la neblina empezó a cerrarse y a lloviznar. De cualquier manera ellos las alcanzaron para ver cómo se encontraban. Ambas estaban golpeadas y no se podían mover, tal vez se habían fracturado algo. No quiero ni pensar lo que paso por la cabeza de los chavos que estaban con ellas. Se encontraban con dos personas lastimadas, no las podían mover, y estaban perdidos en una montaña a 5000 metros de altura con una cerrada neblina y comenzaba a llover.

El resto del grupo nos dirigimos hacia el refugio. Apenas logramos visualizarlo mandamos a todos al refugio con la noticia de que había varias personas perdidas. Entre un amigo y una persona más, que aunque iba en otro grupo nos acompañó a las rodillas, nos aventuramos a buscar a los perdidos.

La neblina se cerraba más y más, por lo tanto no podíamos separarnos mucho. Tras unos quince minutos de búsqueda escuchamos muy a lo lejos un grito en medio de la nube. Respondimos y el grito respondió. No se entendía nada pero nos acercábamos poco a poco hacia ellos. Tras unos 15 o 20 minutos de seguir gritos, por fin los encontramos. Apuesto que al vernos los ojos les brillaron de felicidad. Al contrario, nosotros sólo caimos en cuenta de cual sería la situación de ahora en adelante.

La primera chava que vi se encontraba sentada sobre una rocas toda golpeada y con sangre por toda la cara. Tenía una cortada arriba de la frente que le llenaba constantemente de sangre la cara. Temblaba mucho, tal vez una combinación entre frío y pánico. 5 metros más arriba se encontraba la otra chava, no se veía tan golpeada pero se quejaba de su tobillo y hombro.

Tras ver lo anterior empecé a regresar hacia el refugio. En medio de la neblina me sorprendió encontrarme a otro grupo que nos fue siguiendo. Eran rescatistas que de casualidad estaban en ese momento en el refugio. Regresamos a ver a las chavas y empezaron a evaluarlas. Lo primero fue taparlas y empezar a calentar agua para que tomaran algo caliente y evitar que entraran en shock. Luego se pidió ayuda por radio. Desde la Joya respondieron que tardarían unas 4 horas en llegar con camillas.

Tras una rápida discusión decimos que no podíamos esperar 4 horas ahí. El frió era mucho y el clima empezaba a empeorar. A uno de los que que se aventó tras ellas, se le ocurrió la idea de arrancar tablas del refugio e improvisar unas camillas. Al menos intentaríamos llevarlas al refugio para esperar que llegara ayuda. Al llegar al refugio había mucha gente preguntando que había pasado. Eso no evitó que se tomaran las tablas.  Además varios de los de ahí se enfilaron para ir a ayudar.

Se decidió que el resto del grupo bajaría, pues se morían de frío y había que bajar con información de lo que había ocurrido. Los que se quedaron empezaron la ardua labor de rescate. Para empezar caminaron 20 minutos hacia donde estaban las chavas accidentadas. Una vez ahí improvisaron una camilla e inmovilizaron lo mejor que pudieron a una de ellas. La camilla era cargada entre 6 personas. Esos 20 minutos de caminata se convirtieron en una hora y media para ellos.

La caminata era sobre una ladera un tanto empinada. A lo anterior hay que aumentarle que había mucha nieve y rocas que facilmente se desplazaban. Apuesto que la primera chava que transportaron moría de miedo por cada paso que ellos daban con la camilla a cuestas. De cualquier manera siguieron con la labor, pues era la mejor opción que había. Cuando por fin llegaron al refugio encontraron un doctor que de casualidad estaba en el refugio. Él la examinó y dijo que estaría bien, pero había que ir por la otra.

De igual manera que se hizo anteriormente, se improviso una camilla y se procedió a mover a la otra chava que quedaba. Ahora había que aumentarle al trayecto más neblina, más frío y el cansancio de transportar la primera camilla. Ademas, tras estar muchas horas en la nieve, todo lo que uno trae puesto se humedece, principalmente los calcetines y con ellos los pies. Cada minuto que pasa los dedos de los pies se entumecen más y más, hasta llegar al punto en el que ya no importa porque ya ni se sienten.

Después de tres horas y media de arduo trabajo, por fin ambas chavas se encontraban en el refugio. Ya había paso lo más dificil, pero eso no significaba que el resto sería fácil. Mientra tanto abajo, en la Joya, ya se había avisado del accidente. Lo primero que se hizo fue recojer el campamento y guardar las cosas en el camión. Apenas todo estaba organizado, se mandó de regreso a las personas que estaban lista para partir. No había necesidad de mantenerlas ahí, pues no se les podía pedir que hicieran de nuevo el tramo de 5 horas para subir a ayudar.

Por otro lado, apenas se supo lo sucedido, se pidió ayuda. Al llamado asistieron alrededor de 7 ambulancias y diversos grupos de rescate. En total yo calculo que ayudaron unas 60 personas aproximadamente. Todas ellas fueron llegando durante el transcurso de la tarde. Después de informarse de la situación, rápidamente se equipaban y comenzaban el ascenso para ir a ayudar

Al resto del grupo, que subió con nosotros, se le pidió que dejaran bolsas de dormir y ropa seca para los que se encontranban en la montaña. Eventualmente bajarían y se morirían por vestir algo seco. Después de eso se les subió al camión porque, al igual que el grupo anterior, no había necesidad que estuvieran ahí.

De regreso a 5000 metros de altura, todos se encontraban en el refugio cuando por fin llegó la primera camilla. Tan rápido como se pudo, se atendió una de las chavas en cuenstión y se encamilló para poder hecer el desenso. Lo anterior fue al rededor de las 5 de la tarde. Hubo un momento de tensión, pues los que subieron no sabián cuanto tardaría en llegar la siguiente camilla. De cualquier manera comenzaron el desenso. Para hacer esto mínimo se necesita de 6 personas que ayuden a cargar. 2 personas más se encargan de llevar la línea que sostiene la camilla en caso de esta resbale de más y pierda el control. Hay que tomar en cuenta que aunque son 6 personas las que cargan se necesita de muchas más, pues después de varios metros jalando y cargando uno se cansa. Especialemente a esa altura, pues uno se cansa más rápido entre el frío y por el aire delgado que se respira.

Varias horas después llegó la segunda camilla al refugió. Se alistó lo más rápido posible para bajar con la chava lastimada. En este caso subieron muchas personas para ayudar. Esto hizo que el descenso fuera más rápido que la primera camilla. Mientras tanto, abajo sólo circulaba la información que se transmitía por los radios de los retratistas. Cuando se supo que la primera camilla estaba a una hora de llegar, se alistó una ambulancia para que estuviera lista cunado llegara.

La primera camilla llego al rededor de la 1:15 de la mañana. Tan rápido como se pudo, se acomodó a la primera chava en la ambulancia. Aproximadamente 40 minutos después llegó la segunda camilla. De igual manera que la primera, se acomodó a la chava en la ambiulacia lista para ser transportada al hospital. Apenas ella subió a la ambulancia, mandó un agradecimiento. Después de esto todos nos dimos un merecido aplauso, pues fue labor de todos que ellas salieran bien.

En situaciones como estas siempre es agradable ver como todos ayudan no importando las diferencias que existan entre todos. A parte, la satisfacción de que todo por fin acabó es incomparable. Uno pensaría que tras vivir estas experiencia uno se sentiría realmente muy bien, pero la sensación es totalmente contradictoria. Son experiencias de las que se aprende mucho, pero la verdad uno no se siente orgulloso por haberlas aprendido, pues sólo hay una forma de aprenderlas y no es agradable.